viernes, 24 de abril de 2009

Soneto

Temores en el favor.

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro

y la cándida víctima levanto,

de mi atrevida indignidad me espanto

y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,

tal vez la doy al amoroso llanto,

que arrepentido de ofenderos tanto

con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos,

que por las sendas de mi error siniestras

me despeñaron pensamientos vanos;

no sean tantas las miserias nuestras

que a quien os tuvo en sus indignas manos

Vos le dejéis de las divinas vuestras.

Lope de Vega.

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